La Fiscalía General de la República (FGR) ha encendido las alarmas en Yucatán con una serie de operativos dirigidos a desmantelar una red de trata de mujeres colombianas que operaba en antros y centros nocturnos de la entidad. La detención de Lix Verónica Novoa Montenegro, señalada como una de las principales reclutadoras, ha destapado un entramado de explotación sexual que tenía su epicentro en Mérida, Cancún y Playa del Carmen.
Un paraíso de explotación sexual
Según las investigaciones, esta red operaba con un modus operandi bien estructurado: atraer mujeres colombianas con falsas ofertas de empleo, ingresarlas al país a través de Quintana Roo y, una vez aquí, despojarlas de sus documentos para forzarlas a la prostitución en exclusivos antros y bares.
La detención de Novoa Montenegro es solo el primer paso de una ofensiva mayor, ya que la FGR ha identificado al menos cinco giros negros en Mérida que podrían ser objeto de operativos en los próximos días.
Historial de clausuras y un negocio que no se detiene
Esta no es la primera vez que Yucatán aparece en el radar de la FGR por este delito. El año pasado, las autoridades cerraron lugares como Candela, Bandidas y Tropicana, sitios donde, bajo la fachada de exclusividad, se practicaban actividades de explotación sexual. Sin embargo, el problema persiste: por cada negocio cerrado, surgen otros nuevos.
Los operativos continúan: ¿quién caerá ahora?
Fuentes cercanas a la FGR aseguran que la operación no ha terminado. Empresarios, clientes y administradores de estos lugares están bajo la lupa, y en cualquier momento podrían ser llamados a rendir cuentas.
El gran dilema es si estos operativos lograrán frenar la trata de personas en Yucatán o si solo serán un intento de “limpia” temporal, mientras nuevas redes buscan formas de seguir operando en la clandestinidad.
Por ahora, el negocio de la explotación sexual enfrenta un duro golpe, pero la pregunta sigue en el aire: ¿será suficiente para erradicarlo o simplemente estamos ante otro episodio en un ciclo sin fin?