En el fraccionamiento Juan Pablo Segundo ya no hace falta revisar el pronóstico del clima para saber si habrá agua: basta con abrir la llave y confirmar, una vez más, que el vital líquido sigue “en campaña”… prometido, anunciado, pero ausente.
Desde hace varios días, vecinos de esta zona de la capital yucateca reportan la falta de presión en el suministro, lo que ha dejado a cientos de tinacos completamente vacíos. Eso sí, los recibos siguen llegando —cuando llegan— con puntualidad suiza y montos que parecen calculados como si el servicio fuera de primer mundo.
Del “cambio verdadero” al “cambio sin agua”
Aunque en el pasado gobierno el problema se presentó en un par de ocasiones, hoy, bajo la dirección de Francisco “Pancho” Torres Rivas en la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán (Japay), la falta de agua ya no es una excepción: es una costumbre.
La llamada “transformación” que prometió Morena parece haberse quedado a medias… al menos en lo que respecta al suministro de agua. Porque mientras el discurso habla de bienestar, en Juan Pablo II lo que fluye es la molestia, la frustración y la resignación.
Para los usuarios, resulta una burla que se les exija pagar facturaciones bimestrales elevadas por un servicio que, en la práctica, brilla por su ausencia.
Bombas apagadas, problemas encendidos
De acuerdo con personas cercanas a la problemática, la causa principal sería el cierre de las bombas que abastecen a la zona. ¿El motivo? Presuntamente, “ahorrar” en el pago de luz y horas extra.
En otras palabras, para cuadrar cuentas internas, se apaga el servicio… y que los ciudadanos se las arreglen como puedan.
Mientras los directivos de la paraestatal ajustan números en el escritorio, las familias ajustan cubetas, garrafones y horarios para poder bañarse, lavar o cocinar.
Un ahorro administrativo que se traduce en un derroche de paciencia ciudadana.
Recibos fantasmas y cobros muy reales
Como si la falta de agua no fuera suficiente, vecinos también reportan otra anomalía: en diciembre pasado, los recibos bimestrales simplemente no fueron entregados en muchos domicilios.
Una “extraña coincidencia” que ya se ha vuelto recurrente y que, lejos de corregirse, se ha intensificado durante la gestión de Pancho Torres.
El resultado: usuarios que no saben cuánto deben, cuándo pagar o si ya están en mora, hasta que aparecen recargos o avisos de adeudo.
Una estrategia que, para muchos, parece diseñada más para confundir que para informar.
La Japay en “modo desastre”
Con estos antecedentes, la actual administración de la Japay se perfila como una de las más cuestionadas de los últimos años. Falta de agua, bombas apagadas, recibos extraviados y usuarios ignorados forman parte del nuevo “paquete de servicios” que ofrece la dependencia.
Lejos de mejorar lo heredado, la gestión actual parece haber perfeccionado el arte de hacer menos… y cobrar más.
Vecinos señalan que la incapacidad para garantizar un servicio básico se ha convertido en una marca registrada del actual director, respaldado por un aparato político que, hasta ahora, guarda silencio.
¿Hasta cuándo la sequía administrativa?
La pregunta en Juan Pablo Segundo ya no es cuándo volverá el agua, sino hasta cuándo los habitantes de Mérida seguirán pagando los errores, omisiones y negligencias de funcionarios protegidos por siglas partidistas.
Porque mientras Morena presume gobiernos “cercanos al pueblo”, en las colonias la gente sigue esperando algo tan revolucionario como abrir la llave y que salga agua.
Recomendación forzada: vigilar y desconfiar
Ante la falta de entrega de recibos, usuarios recomiendan descargar la aplicación de la Japay y revisar constantemente si existe algún adeudo pendiente.

