El Club Campestre de Yucatán vuelve a estar en el ojo del huracán tras un nuevo episodio de violencia entre socios. Apenas la semana pasada, un invitado del empresario Carlos Johansen Correa, en aparente estado de ebriedad, atacó con un vaso de cristal a Carlos Briceño, socio del club, abriéndole la cabeza y dejándolo ensangrentado en el bar del recinto. Briceño tenía planeado viajar a España al día siguiente, pero en lugar de eso, terminó con una grave herida producto del brutal ataque.
El incidente no quedó ahí. En un giro inesperado, otro socio del club decidió hacer justicia por su cuenta y golpeó al agresor. Ahora, los hechos han derivado en denuncias y un proceso legal que podría poner en jaque a la administración del club, encabezada por Arturo Millet Molina.
Un club sumido en escándalos
Lejos de ser un oasis de exclusividad y tranquilidad, el Club Campestre se ha convertido en un foco de polémicas y conflictos internos. Este nuevo altercado solo se suma a una larga lista de escándalos que han empañado su reputación, y muchos socios ya han perdido la paciencia.
Las voces críticas dentro del club exigen la renuncia inmediata de Arturo Millet Molina, padre del prófugo Arturo Millet Reyes, quien también dejó una estela de irregularidades antes de desaparecer de la escena pública. Para los socios inconformes, la actual administración ha permitido que la violencia, el descontrol y los problemas internos se salgan de control, convirtiendo el club en un territorio sin ley donde impera el abuso y la impunidad.
¿Habrá consecuencias o seguirá la impunidad?
La gran pregunta es si este escándalo será el detonante para una limpieza interna o si, como ha sucedido antes, todo quedará en simples rumores y disputas de pasillo. Mientras los procesos legales avanzan, la imagen del Club Campestre sigue deteriorándose, y cada vez más socios exigen una solución radical antes de que el prestigio del lugar se hunda definitivamente.

