#PorEsoMx
ROUND 1: LA FARSA — CAMISETAS QUE SE QUITAN Y SE PONEN
Suena la campana y no hay sorpresas: entran al ring los mercenarios de la política, esos que no defienden colores, sino contratos. Hoy se dicen morenistas, ayer juraban morir priístas y mañana, si el poder se mueve, se cambiarán de esquina sin pudor.
¿Dónde quedó el “orgullo priista” que Sergio Vadillo gritaba como porra en campaña? ¿En qué coladera se fue ese discurso de lealtad? La respuesta es brutal: nunca existió.
Vadillo, Víctor Caballero Durán, Esteban Fuentes Zapata… distintos nombres, mismo ADN: priísmo reciclado, obediente y bien entrenado para una sola cosa: seguir viviendo del erario. Todos responden al mismo jefe de esquina, al mismo titiritero: Rolando Zapata Bello.
ROUND 2: EL JUEGO SUCIO — EL JEFE NO SE ENSUCIA LAS MANOS
Aquí viene el golpe que duele. ¿Por qué todos brincan a Morena menos el patrón? ¿Por qué Rolando Zapata, el que se vendía como “primer priísta de Yucatán”, no se atreve a dar el salto?
Porque no es tonto. Sabe que cruzar de partido sería aceptar públicamente lo que todo Yucatán sabe: entregó el poder al PAN con Mauricio Vila.
Hoy juega al retiro dorado, cobra como diplomático de lujo, está en modo jubilación VIP y entiende que moverse sería firmar su confesión política. Por eso no pelea: manda carne de cañón.
Coloca infiltrados en el PRI, PAN, MC y ahora en Morena. No es estrategia electoral, es control de negocios. Su ambición no tiene ideología ni plazo: es transexenal, apartidista y voraz. Pase lo que pase, su grupo cobra.
ROUND 3: EL NOCAUT — MORENA, ¿DE VERDAD ESTO ES EL CAMBIO?
Morena tampoco está limpio en esta pelea. Ahí está Víctor Caballero y su familia susurrando al oído de Rommel Pacheco. Ahí está Sergio Vadillo, operando con el descaro de quien ayer juró ser más priísta que Colosio y hoy se dice transformador.
Y ahí está el sobrino, Esteban Fuentes, al que primero le prometieron una diputación desde el PRI y ahora le ofrecen el mismo premio con otra camiseta, siempre y cuando sirva fielmente a los intereses del clan.
La pregunta retumba como uppercut: ¿qué piensan los morenistas auténticos al ver este desfile de chapulines profesionales invadiendo su movimiento?
La meta es simple y obscena: mantener el poder político-económico de Yucatán, seguir haciéndose millonarios a costa del pueblo, seguir robando tierras y seguir siendo los reyes del negocio local.
Campana final. No hubo milagro ni transformación. El chapulineo no es traición: es el modelo de negocios. Y mientras ellos cambian de partido, el pueblo sigue pagando la pelea.

