Lo que inicialmente parecía un simple accidente carretero en la comunidad de El Cedral terminó convirtiéndose en un caso que comienza a levantar sospechas políticas y empresariales entre Quintana Roo y Yucatán, luego de confirmarse que el yate involucrado en el percance contaba con reporte de robo vigente en Cancún.
La embarcación, identificada con el nombre de “El Pollo”, era trasladada por carretera rumbo a Progreso, Yucatán, cuando sufrió un accidente que dejó daños a infraestructura eléctrica y afectaciones al suministro de energía en la zona. Sin embargo, lo verdaderamente delicado vino después: la Capitanía de Puerto confirmó que el yate había sido reportado como robado apenas días antes en Cancún.

De acuerdo con información oficial contenida en el Aviso Náutico No. 16/2026, la unidad fue sustraída el pasado 8 de junio sobre la carretera Cancún-Aeropuerto, a la altura del kilómetro 7.5, cerca del Autódromo Internacional de Cancún. Se trata de un yate de aproximadamente 39 pies de eslora, color gris, equipado con dos motores Verado de 400 caballos de fuerza cada uno.
El hallazgo ha comenzado a generar preguntas incómodas: ¿cómo una embarcación reportada como robada logró salir de Quintana Roo, cruzar carreteras federales y dirigirse tranquilamente hacia Yucatán sin ser detectada?
Fuentes cercanas al caso aseguran que en las investigaciones ya comienzan a mencionarse apellidos conocidos en la esfera política y empresarial del sureste, particularmente integrantes de la familia Borge, señalados como primos hermanos del exgobernador priista Roberto “Beto” Borge Angulo, actualmente recordado por los múltiples escándalos de corrupción que marcaron su administración en Quintana Roo.
Versiones extraoficiales apuntan a que algunos integrantes de esta familia residen actualmente en Mérida y presuntamente mantienen operaciones empresariales y relaciones de alto nivel tanto en Yucatán como en Quintana Roo. Aunque hasta el momento no existe un señalamiento formal de las autoridades contra estas personas, el simple hecho de que los nombres comiencen a surgir alrededor del caso ya ha provocado inquietud política.
Y es que para muchos resulta imposible no recordar el largo historial de excesos, tráfico de influencias y negocios oscuros que durante años rodearon al llamado “borgismo” en Quintana Roo. Hoy, nuevamente, un caso relacionado con bienes de lujo, movimientos sospechosos y rutas entre Cancún y Yucatán vuelve a poner el reflector sobre personajes ligados a ese círculo.

La situación también ha despertado cuestionamientos sobre posibles redes de protección y omisiones institucionales. Transportar un yate de estas dimensiones no pasa desapercibido: requiere logística, permisos, vehículos especializados y desplazamientos visibles por carreteras federales. Por ello, ciudadanos y sectores políticos se preguntan quién permitió el traslado y quiénes estaban realmente detrás de la operación.
Hasta ahora no se ha informado sobre personas detenidas, ni sobre aseguramientos adicionales relacionados con el caso. Tampoco se ha detallado quién contrató el traslado terrestre de la embarcación ni quién figura legalmente como propietario.
Mientras tanto, el accidente en El Cedral dejó de ser un simple incidente vial para convertirse en una investigación que amenaza con abrir nuevamente la cloaca de viejos intereses políticos y empresariales que parecían haberse mudado silenciosamente de Quintana Roo hacia Yucatán.

